Un encuentro bajo el manto de María Auxiliadora

Hace ahora 177 años, un 8 de diciembre de 1841, se produjo en Turín un encuentro para la historia. Me estoy refiriendo al encuentro entre don Bosco y Bartolomé Garelli en la sacristía de la Iglesia de San Francisco de Asís.

Para los cristianos el tiempo no es solo una sucesión de momentos sino que es sobre todo historia de salvación. En aquel encuentro, Dios estaba pidiendo a un joven sacerdote que cuidara de los jóvenes de Turín porque andaban como ovejas sin pastor. Se lo hizo saber a través de un joven emigrante que se buscaba la vida como podía, y que en aquel día de la Inmaculada entró en una Iglesia para no pasar frío. Aquel día, Dios estaba pidiendo a don Bosco que cuidara de los muchachos y estos le enseñaron la manera.

En aquel encuentro podemos ver en germen el carisma salesiano. Un carisma que tiene una de sus fortalezas en la relación. Nuestra manera de hacer pastoral sabe lo importante que son las relaciones. Para nosotros es fundamental: estar cercano, ser amable, ser amigo, buscar puntos de encuentro, hablar un lenguaje que entiendan los jóvenes, estar abierto a su cultura, saber escuchar, buscar una salida positiva.